Historia Bodega

Una historia de los vinos de Madrid a través de la Bodega Virgen de la Poveda

“Desde siempre ha habido aquí viñas. Desde la Edad Media quizás ya se pisaba aquí la uva. Lo hacía cada uno a su manera, como mejor sabía. Las bodegas estaban, a veces, en la casas. Sabemos que el suelo de Villa del Prado está horadado por túneles. Aquí se guardaba el vino”.

Así habla Víctor, enólogo conocedor de la zona y sus posibilidades. Aquí se guardaba el vino que hacía el sustento junto con el pan, legumbres, productos de la huerta y algún animal de granja. 

Más allá en el tiempo… cuando todo empezó con los vinos de Madrid

La Bodega Virgen de la Poveda, cuyas botellas inauguran esta tienda, forman parte de esa extensa tierra que es la Mancha. Pero, ¿no tenemos antes nuestros ojos vinos de Madrid o nos hemos confundido? ¡Claro que no! Porque si bien la bodega está situada en la Comunidad de Madrid, “la frontera manchega” se encuentra a tan solo 8 kms y ya sabemos que la naturaleza no entiende de las distinciones del hombre. 

Desde siempre ha habido viñas aquí. Han sido la alegría y el sustento del pueblo.  Han sido viñas anónimas, humildes y sencillas cuyos vinos apenas salieron de su entorno. Quizás esté en la esencia del lugar, eso de no hacerse notar, cuando los vecinos (a poco más de 20 kms.) de Navalcarnero eran nombrados en obras como El Buscón o mencionados por la pluma de, nada más y nada menos, que un Cervantes. 

La filoxera también atacó a las cepas de los vinos de Madrid

Así pasaron siglos con su caminar tranquilo de vendimia, pisada, embotellado y disfrute… Todo era sencillo, pausado y soleado como las uvas que alegraban a los hombres. Pero en 1878, desde Málaga, Gerona y Oporto (ya sabemos que la naturaleza no entiende de las fronteras humanas) un insecto conocido como filoxera comienza a hacer estragos en todas las viñas de Europa. La Península Ibérica no se escapa de la plaga. Llegaba desde Estados Unidos cuyas viñas sí estaban adaptadas. Se enfermaban pero no morían. Pero en el Viejo Continente las viñas comenzaron a desarrollar nudos y tuberosidades a causa de la filoxera. No mataba. Simplemente dejaba tan débil a las cepas que otros microorganismos aprovechaban tal estado para nutrirse. Y todo ello hasta la muerte total de la planta. 

Aquello fue un desastre ecológico, económico y anímico para un país de tradición vinícola como España. Ni los vinos de Madrid ni de ninguna otra denominación se salvaron de la devastación. Solo permanecieron algunos pagos aislados y muy pequeños. Hubo que quitar todas las cepas y plantar otras nuevas a la espera del color ocre del otoño y el regalo de sus frutos.

La garnacha, la uva de los vinos de Madrid

Aunque los primeros registros de plantación de cepas con la uva tinta garnacha en Villa del Prado, y en el Bodegas Virgen de la Poveda, son de 1912 (algunas fuentes marcan 1909), probablemente las nuevas cepas sean de esa fecha (finales del siglo XIX). Después de la debacle se plantaron de nuevos pies francos con uva del lugar, la garnacha. Es tinta y se han encontrado vestigios en Cerdeña que tienen más de 3000 años. A pesar de ese descubrimiento, los expertos consideran que esa variedad es española. Aquí siempre creció sin problemas porque le gusta los suelos secos y cálidos. Además tiene una alta tolerancia al viento que, a veces, sopla con fuerza por estos lares. Los vinos tintos que nacen de la uva garnacha suelen tener perfiles de frutas rojas. Y, cuando se envejecen en barrica, presentan aromas a cuero. Cuando se elaboran con 100% garnacha nos encontramos con vinos suaves y, a la vez, con personalidad muy marcada. 

Las cepas de la Bodega Virgen de la Poveda son al 70% de uva garnacha. El otro porcentaje lo forman uvas de otras denominaciones. Pero vamos un poco rápido… que nos hemos quedado a inicios del Siglo XX. Hasta 1963, los viticultores de Villa del Prado, de manera individual, cuidaban de sus cepas, realizaban la vendimia, pisaban la uva y elaboraban un vino particular con su uva garnacha. Era un trabajo laborioso que se complicaba cada vez más a la par que aumentaba la competencia (tanto nacional como extranjera). Hasta esa fecha cada viticultor hacía lo que podía en una economía de subsistencia casi. 

Vinos de Madrid

1963, un nuevo hito en los vinos de Madrid de la Bodega Virgen de la Poveda

En ese fecha, aprovechando una figura legal denominada Grupos Sindicales de Colonización, se asocian para defender la producción. En un principio, eran 600 agricultores individuales que llegaron a manejar todos juntos hasta diez millones de kilos de uva garnacha, la de la zona. Se construyó la bodega y allí se elaboraban los vinos. Esa figura jurídica, hoy desaparecida, dio paso a una cooperativa. La viña es dura. El sol más. La cercanía de la capital hizo que muchos jóvenes dejaran de interesarse por las posibilidades de la tierra y se fue reduciendo tanto el número de productores como la cantidad a recolectar. Al día de hoy, son menos de un tercio de ese número original. 

Pero la historia sigue y a finales de los noventa, en otro proceso de reconversión de las tierras del vino, se introdujeron en España las uvas merlot, Syrah, tempranillo, cavernet… La Bodega Virgen de la Poveda se adaptó a ese nuevo gusto sin perder su esencia. Por eso, los vinos de Madrid que actualmente se elaboran son al 70% uva garnacha. Bien es verdad que también se producen mezclas muy interesantes con estas nuevas viñas que apenas tienen 30 años en estas tierras. 

Y… continuamos que estamos en el siglo XXI y los vinos de Madrid se abren a los paladares curiosos…

Porque, en los últimos años, estamos asistiendo a una vuelta a la tradición, al origen, a lo auténtico y distinto de cada lugar. Lo da el espíritu cosmopolita que nos invade, la facilidad de las comunicaciones, la disponibilidad para saber de lo que pasa en el otro lado del mundo… Hoy nos gusta viajar, buscar nuevas cosas, disfrutar de lo diferente… y que ese distinto sea “lo de siempre” del lugar. Hemos vuelto, en definitiva, a lo autóctono y auténtico. Y aquí estamos con nuestros vinos de Madrid. Son caldos (tintos, blancos o rosados) con casta, con tradición (aunque nunca hayan salido de la humildad de sus pagos). A la par, son curiosos, distintos, originales, diferentes, únicos… Son los vinos que aprecian tanto quienes saben de este brebaje de dioses como los que se inician en la enología. 

¿Quiénes somos en La Tienda de Vino?

En un recién inaugurado 2019 abre La Tienda de Vino de manera online, auspiciada por Elías Zreik y Raúl de Lema. Este tándem de emprendedores ya han dado a conocer más allá de sus fronteras otro producto local  de Madrid de gran calidad que está abriéndose un hueco entre los gourmets y los restaurantes más apreciados de España. Se trata de la ternera de la Sierra de Guadarrama. Esa experiencia se traslada a este sitio donde daremos a conocer todas las posibilidades de los vinos de Madrid en todas sus variedades posibles (desde los envejecidos hasta los originales semidulces) y donde ofreceremos a un precio competitivo al máximo las botellas que nos soliciten. 

Pero la Tienda de Vino no quiere ser un mercado online más. Su apuesta es ambiciosa y eso solo puede traducirse en un amor por el conocimiento y, en última instancia, por la internacionalización. Sabedores de que los vinos de Madrid se han quedado siempre en la humildad del terruño, hoy estamos decididos a darlos a conocer más allá de las fronteras. h

Vivimos un sueño: el de la continuidad de una gran historia, que nada grande puede hacer el hombre en soledad. Trabajamos para que la tradición continúe en los modos del siglo XXI.

Todo el equipo de la Tienda de Vino te da la bienvenida a lugar de los vinos de Madrid.